lunes, 25 de octubre de 2010

Lost – Perdidos: El inicio del viaje, temporadas 1 a 3

"En el fondo tú no eres tú; pero tú no lo sabes" (Ibn Arabí)

Empiezo este texto con una máxima de Ibn Arabí, en un claro y cariñoso guiño a mis amigos del Wild Bunch Groups, que entre otras cosas me han aportado las ganas de ir más allá en las diferentes lecturas de la realidad, con lo que creo me siento dispuesto a abordar el viaje de releer y re visionar la mejor serie de los últimos tiempos: Lost.

Nos adentramos en una historia, que es reflejo de un mundo particular, de una burbuja fuera del espacio-tiempo; este esquema narrativo de Lost dinamita la configuración actual que tienen muchas personas de la realidad, como algo lineal, factible, fácilmente comprensible y manipulable sin pudor. Esta serie nos devuelve en cada uno de sus capítulos que la realidad es un conglomerado muy complejo, muy diverso de historias y momentos.

Que no podemos encontrar el sentido último, sino adentrarnos en diferentes oportunidades de sentido y en ver si somos capaces de arriesgarnos a vivir nuestra propia aventura.

Perdidos es una metáfora de nosotros mismos, de nuestro mundo europeo y americano, de nuestro occidente” civilizado y supuestamente seguro”.

Durante toda la serie, de forma más o menos velada, o de forma clara y directa se nos está mostrando la irrealidad de la propia realidad, el continuo sorprendernos ante inesperados movimientos, que aparte de juego técnico cinematográfico para mantener la atención, nos despiertan una inquietud personal, obligan a proyectarnos en la Isla y en sus personajes, nos conectan nuestro inconsciente personal con el inconsciente colectivo que se está gestando en la historia que vamos viendo. En cierta medida, tras el episodio piloto, en todos ha ocurrido un desastre, una catarsis, hemos sido derribados sobre la Isla al igual que cada uno de sus participantes y durante los 6 años que dura, las seis temporadas, cientos de personas van a estar viviendo, soñando, meditando y buscando respuestas sobre la isla y sobre lo que les pasa a todos los personajes. De esa forma, y tal vez no lo pensaran directamente los guionistas, hay un nuevo náufrago en la Isla, el espectador, que como las voces susurrantes, apenas es audible, pero forma parte del proceso mítico. Un mito no existe si no hay un sujeto que sea dinamizado por él. Sin este sujeto, el mito es un mero potencial.

A diferencia de otras obras de arte, que somos nosotros los que vamos desvelando el sentido de lo que vemos, aquí somos un ojo aparentemente pasivo, obligados a seguir el deseo de los guionistas, algo que a muchas personas les ocurre en el desenvolvimiento de su situación vital y personal. En esto es en lo que esta obra se convierte en mito, reúne las características de expresión, desarrollo y sentido de un mito y de hecho, como ya iremos viendo, bebe de fuentes clásicas míticas: la divina comedia de Dante, el paraíso perdido de Milton, la odisea, etc.

Como ya señalaba Regazzoni[1] en su libro sobre Lost, el viaje empieza con un inmenso ojo en primer plano, el ojo del que después sabremos que es Jack.

Ese ojo puede ser el reflejo del ojo de todos los que vemos la serie, pues la vamos a ver a través de Jack en muchos casos; más adelante veremos que hay capítulos que empiezan con un ojo, pero un ojo distinto, no es el de Jack, dándonos otra perspectiva en ese momento.

También, El ojo (de Jack) puede conectarnos con Horus, el dios egipcio, o con Iahveh, el dios hebreo, que aparece como señal en tantos espacios religiosos: el ojo que te mira, te controla, o el ojo que observa el proceso. Aquí cada uno se convierte, a través de ese ojo, en observador del drama épico que se va a desarrollar.

Hay antecedentes fílmicos de ese ojo en primer plano, como en la película Blade Runner (Ridley Scott), el inicio con el ojo del replicante. Es retomado en avatar, es el ojo subjetivo que nos va diciendo desde que observador nos estamos abriendo a mirar.

Es la manera de decirnos: ¡Eh! abre los ojos, ha ocurrido un cambio y es necesario que PERMANEZCAS DESPIERTO.

A partir de ese mirar atento, que obliga a la búsqueda de sentidos, se abre un filosofar aparentemente sencillo como señala Simone Regazzoni en su libro sobre la serie.

Pero ¿quién es Jack?, De hecho su nombre, Jack equivale a Jaime y Jaime es el Santiago apóstol español, el buscador; además su apellido Sheppard, pastor, guía en ingles. Jack podría representar el Anima Mundi, el héroe: Ulises moderno del siglo XX y XXI, que es estrellado-despertado (inicio del ojo) en la Isla.

Muy pronto veremos que es la encarnación del héroe por antonomasia, el gran cuidador, el que tiene respuestas, el que sabe lo que hay que hacer, el que tiene poder de liderazgo. Este arquetipo marca la línea del pensamiento occidental base y sobre todo del americano, el sujeto que se enfrenta a todo y aglutina los deseos del grupo.

Todavía no tenemos otros tipos de héroes, mas tipo Aquiles o mas ocultos como Hefestos (Vulcano en la versión romana).

Quien viene a buscar a Jack en primer lugar es un perro, animal de significación interesante y cierre de parábola como iremos viendo. Y a partir de ahí, sale de la maraña de bambús, símbolo de la fuerza y resistencia, pero también de la docilidad, se pueden vencer por el viento, pero no doblar, y se adentra en la playa donde se encuentra la gran crisis de conciencia inicial, por qué está allí…

Jose López



[1] Regazzoni, Simone (2010). Perdidos, la filosofía, las claves de Lost. Duomo Ediciones,

Lost: El inicio del viaje, la Nekia

Ya es momento de iniciar como los náufragos-supervivientes de Lost el comienzo de nuestro viaje interior de búsqueda, comprensión, sentido de la serie, de lo que vimos y creímos, de lo que sentimos; al fin y al cabo este viaje, este accidente aéreo es nuestro propio derrumbe, nuestra propia crisis y nuestra propia búsqueda. De forma consciente o inconsciente cada uno de los espectadores se sintió identificado con los personajes, cada uno se vio reflejado en uno de ellos, o en todos, dependiendo de los aspectos emocionales y vivenciales que se iban desarrollando por los mismos.

Este viaje iniciático, esta Nekia que es Lost, es una alegoría, un remedo de otros viajes míticos, desde el viaje de Ulises a viajes como el de Dante o Milton, que ya señalan otros blogueros de buen nivel. Lo señalo como Nekia[1] o evocación de los muertos, rechazando la inmortalidad (que a algunos da la isla, como tentó a Ulises Calipso) en contraposición al Nóstos, el regreso del héroe a la patria original. En realidad aquí no vivimos un viaje Homérico ni una odisea con final feliz, sino un viaje a los infiernos, de ahí lo de Nekia. Aunque en este viaje tenemos nuestro particular Ulises en la figura de Desmond luchando por recuperar su esposa Penélope (Penny) y su barco.

Otro punto a tener en cuenta ha sido el de aquellos espectadores que, como en las religiones al uso y en la Ciencia dogmática actual (medicina de la evidencia, etc.), se empeñan en leer el mensaje de forma literal-lineal, con lo que el viaje de Lost les ha de decepcionar al final, a no ser que cambien su forma de mirar: su forma de abrir el ojo interno, y creo que en la serie los, llamémosles guiños del ojo, son frecuentes.

Esta serie, épica en todos los sentidos y filosófica en otros, no es posible vivirla sin aplicar una atención múltiple de posibles sentidos, ha de verse como esferas continuadas que se concatenan mezclándose como universos paralelos, trayéndonos continuos meta lenguajes que requieren, creo yo, diferentes y sucesivos visionados. Es una única y eterna historia cargada de cientos de historias que se van hilando como los hilos del destino que mueven las Nornas (parcas) de la antigüedad.

Pero no vayamos adelantando otros temas, este viaje lo hemos dividido en tres etapas, (tres número especial), que abarcan la primera etapa el inicio, que corresponde a las temporadas 1, 2 y 3, luego señalaremos el por qué, esta división.

La etapa de tránsito, correspondería a la 4ª temporada y la Segunda etapa correspondiente a las temporadas 5ª y6ª.

Jose López



[1] Canto XI de la Odisea de Homero.

domingo, 24 de octubre de 2010

AVATAR: el descubrimiento de la Realidad


Durante mucho tiempo nos han hecho creer que el cielo estaba allá en lo alto, pero después de visionar Avatar, uno confirma lo que ya intuía: que el cielo se encuentra allá abajo, concretamente más abajo del infierno. Porque ese es el lugar al que, rememorando la Divina Comedia de Dante, desciende Jake Skully cuando llega a Pandora. Un infierno no demasiado diferente del que ha dejado atrás en la Tierra, un planeta arrasado y agotado, que los humanos intentan reproducir en Pandora. Sin embargo, para los miembros de la base, especialmente los militares, Pandora es un infierno amenazante, y ninguno es consciente de que el infierno lo portan ellos, con su tecnología militar, con su ciencia sin alma, con sus brutales intereses económicos, ligados, como dice cínicamente el jefe económico de la misión, al balance trimestral de beneficios de los accionistas.

A ese infierno de verdad pertenece el destinado a ser el héroe, hermano gemelo del científico desaparecido, un marine significativamente inválido, que es utilizado como carne de cañón y como carne de laboratorio. Poco sospecha Jake Skully que, estando en el infierno, se lo podrían abrir las puertas del cielo. Porque, aparentemente, nada hacía sospechar que dichas puertas existieran. Tan solo había una misión: convencer a los indígenas na’vi de la conveniencia de adaptarse al devastador proyecto colonizador de los humanos. Sin preguntar, sin pensar, sin cuestionar. Con todo, la estrategia invasiva pasa necesariamente por dormir y entrar en el sueño que hará posible camuflarse con el “enemigo”. Una vez en el sueño, el protagonista dispondrá de un nuevo cuerpo para llevar a cabo su cometido. Pero ocurre que Jake es curioso, no un marine cualquiera. Todavía le queda humanidad, y es precisamente esta la que le lleva a empatizar progresivamente con el nuevo mundo al que es destinado. Y de esa manera empieza a descubrir que su auténtica misión no es la que le ha asignado su comandante, sino la que le ha asignado la vida. La posibilidad de empezar de cero y descubrir una nueva realidad. Mejor dicho, de descubrir la Realidad.

Partiendo de una ignorancia básica en su nuevo mundo, que es un entorno onírico desde la perspectiva diurna convencional, Jake pronto tropieza con sus demonios, con sus monstruos, que lo acechan hasta el descubrimiento de su parte complementaria femenina, representada por la bella nativa na’vi, quien le ayuda a entrar, poco a poco, en lo que realmente es Pandora: un inmenso ser compuesto de otros seres interconectados, profundamente integrados en una vasta y compleja red energética simbolizada por el Árbol sagrado, y sobre todo por el Árbol de las Almas, expresión a su vez de Eywa, la diosa, que representa la Energía última que anima Pandora.

A medida que el héroe progresa en su misión lo hace en su redescubrimiento interno, un proceso que en un momento determinado le hará exclamar: “Ahora todo está al revés. Como si el exterior fuera el mundo real y lo de aquí dentro fuera un sueño”. Es ese el punto en el que Jake descubre la Realidad, el momento en el que se hace consciente de que aquello que él creía su realidad es tan solo una ilusión, una representación que oculta una realidad más profunda, situada en el inframundo, al que solo se accede mediante un doloroso viaje lleno de aventuras, problemas, contratiempos, dudas e incertidumbres. Dicho viaje es básicamente onírico, un viaje a través del sueño. En realidad, un viaje hacia el despertar del sueño de la vida convencional, en la que millones de individuos están condenados a vagar, sin que la mayoría de ella tenga más que atisbos, generalmente mal interpretados, de lo que hay más allá. Porque el “más allá” no es una suerte de existencia trascendente y extramundana, divina, celestial e idealizada, sino una existencia inmanente llena de sentido y significado, íntimamente vinculada con lo que el físico David Bohm denominó el “orden implicado” o lo que Fritjof Capra llamó “la trama de la vida”. Una inmanencia “transcendente”, en la medida en que el héroe se transciende a sí mismo en este mundo inmanente, para descubrir que, en el fondo, no hay división entre inmanencia y transcendencia, entre más acá y más allá. A este nuevo universo unitario es al que accede Jake. Sin embargo, su transformación implicará costos y dificultades.

Llegar a formar parte del pueblo na’vi, llegar a “nacer dos veces”, conectarse con los ancestros omaticaya, fuente de la sacralidad en la que Jake ingresa, supondrá una dura batalla. Tendrá que enfrentarse a las oscuras fuerzas destructivas representadas por la siniestra alianza entre empresa, ciencia, tecnología y maquinaria militar, expresiones de la sombra más negativa. Por ello Jake necesitará llevar a un plano más avanzado su lucha personal, transitar, como los na’vi, por una “época de gran pesar”. En el proceso, muchas cosas se perderán, habrá destrucción, violencia, muerte, fuego, decepción, abandono, en definitiva, habrá sufrimiento. Pero Jake también encontrará nuevos aliados surgidos de las profundidades de su propia potencialidad, de su propia sombra, simbolizados por el ikrán, clarísima expresión de su fuerza interior, o por Turuk, expresión de la fuerza colectiva de la naturaleza y del pueblo consciente del valor de su existencia. Solo así, en ese descenso a los infiernos, perfectamente expresado por el virulento ataque con fuego al Árbol de la Vida, podrá Jake remontar el vuelo, montado en su ikrán, para acabar de integrar su parte femenina y transformarse definitivamente en uno más de los omaticaya. Finalmente vencerá en su batalla contra las fuerzas que se encargan de ponernos los velos ante la Realidad. De no dejarnos ver. Que es como decir que el héroe despertará de su vida anterior, para dejar de ser un tullido existencial y realizarse como un ser más consciente, más desarrollado y más compasivo.


Gil-Manuel Hernàndez

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LOST: Un mito Ourobórico




Acerca de LOST PERDIDOS

Introducción

Ahora que acabó la serie de Lost y que ha creado tanto revuelo mediático mostrando las crisis de los jóvenes seguidores de la serie: los fan y el sentirse perdidos realmente, diciendo que qué van a hacer después de Lost, es posible realizar una mayor aproximación a esta obra audio visual, seudo filosófica, pero que una vez terminada de ver, es considerable como magnifica, como expresión del inconsciente colectivo que nos inunda y nos compete a todos.

De entrada asumimos que nuestro acercamiento es personal y subjetivo, pero orientado a darle un sentido desde el mundo del Inconsciente, no sólo personal, sino colectivo, y desde lo antropológico social.

No vamos a valorar las cualidades cinematográficas de Lost, que las tiene y muchas, ni siquiera vamos a ahondar en lo que realmente pretendían los guionistas. Es obvio, que este tipo de obra se sale de control, va mas allá de lo que sus autores pretendian o buscaban, pues como muchas otras obras: la trilogía de Matrix, el señor de los anillos (tanto el texto escrito como lo filmado), la trilogía de Stiege Larsson, etc. Tienen una dimensión propia que el autor a veces no espera que genere.

A esto el pintor o el escultor, que están más acostumbrados, pues sus obras son gestaciones y partos personales, que tienen una dimensión más tú a tú, suelen percibirlo más claramente. Salvo honrosas excepciones de directores de cine determinados.

Pero creo que cada vez más el cine, como el teatro y actualmente las series de televisión, alcanzan una dimensión de mensajeros del deseo o las necesidades del colectivo. Y no descarto, que en ocasiones, esas necesidades sean manipuladas y creadas artificialmente.

Pero no siento que este sea el caso de Lost, al menos de forma mayoritaria, pues aquí ha habido un intercambio entre el que lo ve y sigue y el guionista o los guionistas, como ellos mismos han señalado.

Efectivamente, es un antes y un después de Lost, en muchos sentidos: pues ha hecho facilitar la polémica, el interés por ciertos temas y un deseo inmenso de la gente de buscar “sentido” y comprensión a lo que parecía sin sentido.

El antes y el después no lo llegó a conseguir la trilogía de Matrix, a pesar de que muestra las nuevas mitologías que describen lo arquetípico de nuestro tiempo actual. Si lo hizo poco a poco el libro del Señor de los anillos, pero no el film, a pesar de ser magnifico en el sentido mitológico.

Volviendo a Perdidos, que en mi caso prefiero escribir el topónimo original, Lost:

¿Que tiene Lost para generar un antes y un después? ¿Cuál puede haber sido la causa de que una obra que empezó siendo menor, que en algunos países le costó cuajar, se convirtiera en un fenómeno mediático de internet y sociológico?

· En primer lugar dudo que los autores tuvieran desde el principio una idea muy clara de adónde iban y que querían. Eso se vió claramente en la segunda temporada que empezó a flojear y a crear situaciones no muy bien enlazadas.

· Como toda obra imbuida por aspectos arquetipales y escrita con diferentes guionistas y escuchando las diferentes devoluciones de los espectadores, dinamiza el inconsciente colectivo y personal y genera una propia fuerza que obliga a los guionistas a ser “fieles a la Isla” es decir a la propia creación de ellos yéndoseles de las manos y facilitando un trabajo más serio, reflexivo y responsable intentando crear un Sentido global Numinoso, es decir planteando algunas respuestas pero cargado de más preguntas sin resolver. Esa es la función de los cuentos, de los mitos.

· Es cierto que todo se podía haber hecho en menos sesiones o temporadas, prescindiendo de algunos personajes menos relevantes, pero a la vez su duración de 6 años, número mágico también, facilita el cocimiento a nivel inconsciente de la trama en el colectivo televidente. El efecto de la retorta alquímica.

· En ese sentido es una obra maestra de la televisión.

Mi compañero de blog y yo vamos a ir desgranando desde diversos ángulos y con diversos enfoques no sólo la trama, sino aspectos arquetipales de los personajes y material integrado de las lecturas de los diferentes blogs sobre el tema, tanto en castellano como en ingles, pues el psiquismo anglo-sajón-norteamericano, tiene sus propias y ricas variables, como el nuestro mas latino, tomando la terminología descriptiva que ellos nos señalan y que aprovecho para no cerrarnos en nuestra mentalidad mas europea sino todo el psiquismo de la rica Sudamérica si encontramos significados interesantes. Esta forma de tratarlo me evoca a mí una cierta actitud de flashback propia de la serie.

Desde ese subjetivismo reflexivo, para ahondar en preguntas y respuestas incompletas que den más preguntas nos ponemos en el camino de búsqueda de la vida misma, que es el camino escogido por los guionistas, aunque personalmente no me interesa si tenían intereses más turbios de tipo comercial, etc. Lo que me importa, es que el espectáculo de la serie completa es un mito audiovisual vivo y permanente, que permite si no infinitas si muy variadas lecturas.

Aunque eso les pese a los que eternamente tienen una mirada a la Vida, al Universo muy literal y lineal o por el contrario muy focalizada en la fe.

A todos estos los respetamos con mucho cariño, pero espero que nuestro aporte les de nuevas líneas de reflexión personal. Ojalá, o que nos “amplíen” miras a nosotros, estamos abiertos a viajar a la Isla, la eterna Isla….Por cierto, desde la Estación Espacial, la Tierra se ve como una isla perdida en la inmensidad y la luna tal vez como la otra isla de la estación Hydra, ¿curioso, no?

Tal vez los naufragos del vuelo de Oceanic air lines no sean los únicos que están en una isla sólos….¿y nosotros?

Ademas y como cierre de esta introducción, recomendamos a aquellos que no han completado la serie, que no sigan leyendo las diferentes entradas, pues no queremos condicionar las miradas, por lo que sólo os quedaría la opción de cerrar el link a este blog…o veros la serie, vosotros decidis.

¡Hasta Pronto, en vuestras islas personales!

Jose López

domingo, 26 de septiembre de 2010

AVATAR: Director's Cut



Estos días se ha editado la versión extendida de Avatar en 3D, lo que me permite retomar el tema de nuevo, completando aspectos ya señalados por mi y mi otro colega del blog.
En general las versiones extendidas no suelen aportar gran cosa, sobre todo porque tienen la misión de alargar la historia con interés comercial. Es posible que ese interés estuviera, pero creo que los 20 minutos mas o menos de duración extra, añaden una dimensión que completa elementos que quedaron confusos o poco explícitos en la anterior. Hay minutos irrelevantes en relación con escenas de la vida tribal, etc. pero hay dos aspectos que
completan muy bien. El primero, es una visión menos idílica de los nativos Na'vi. La forma de intimar el vinculo entre ellos y qué pasa con la caída y muerte de su nuevo líder, da aquí una dimensión poética y de sentido a esa muerte, que no aclaro para no estropear la película a los que quieran volver a verla.
Es cierto que podemos ser tratados de naïf en la visión del film, pero quiero recordar que no buscamos una valoración fílmica de la película, que la tiene, aunque este no es un blog de cine, sino que utiliza una de las funciones explicitas e inconscientes del mismo para comunicar estados
subjetivos internos al espectador.
No nos interesan las visiones miopes intelectuales o de cierta inflación racionalista, tan subjetivas como las nuestras, sino aportar una mirada de reflexión interna a todos los elementos inconscientes y atávicos que mueven nuestra psique subjetiva personal, que por muy subjetiva que sea, es absolutamente real y nos mueve y con-mueve de dentro hacia fuera.
Por eso, no nos detendremos en valoraciones críticas de orden fílmico, pues hay otros blog especializados, e incluso podemos coincidir en esas críticas, pero aquí pretendemos lanzar una mirada hacia el subjetivismo interior, ver como conectan estos mensajes fílmicos con nuestro Inconsciente Colectivo."

Jose lópez

sábado, 4 de septiembre de 2010

AVATAR: algunos apuntes sociológicos


Como señalaba en mi anterior texto, Avatar es una de esas películas con diversos niveles de interpretación posibles, hábilmente superpuestos. De hecho, creo que entre dichos niveles hay singularmente dos a los que podríamos prestar atención. Uno de ellos sería el sociológico, el otro el psíquico. El primero comporta diversos núcleos temáticos, como el social, el económico, el político o el ecológico, que la interpretación sociológica puede aunar. El segundo implica claramente aspectos de tipo psicológico, religioso o espiritual, tampoco desligados de los anteriormente citados, y que abordaré seguidamente.

Al respecto me gustaría partir del hecho de que James Cameron, el director de Avatar, es el mismo director que en 1997 dirigió Titanic. Un film donde también se puede observar la complejidad interpretativa antes señalada, especialmente en el plano sociológico. Por ello nos referiremos a esta película antes de entrar propiamente con Avatar, pues creo que entre ambas existen una serie de hilos conductores que podríamos poner en evidencia.

Así, no está de más recordar qué es aquello que nos cuenta Titanic: el hundimiento del que hasta el momento de su construcción era el barco transatlántico más grande y lujoso de la historia. Un buque que constituía el orgullo de la civilización moderna occidental, si bien tras su fachada flamante se ocultaba una rígida sociedad de clases que la propia estructura del pasaje reproducía: en camarotes de lujo la alta burguesía, en primera las clases medias, en tercera las clases trabajadoras y en las salas de máquinas los trabajadores tiznados de negro que hacían que todo funcionara.

Sin embargo sucedió lo inexplicable. Corría el año 1912, dos antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, y días después de zarpar el Titanic chocó contra un enorme iceberg que flotaba en medio del Atlántico, como surgido de la nada, y el barco se hundió estrepitosamente en menos de tres horas. Su hundimiento, como la película de Cameron refleja muy bien, plasmaba la evidencia real de los límites que la arrogante civilización moderna había ignorado en su loca carrera hacia el progreso. Pues estaba convencida de que a base de ciencia y tecnología el hombre moderno podría lograr todo aquello que se propusiera. Un argumento que se volverá a repetir, amplificado y complejizado, en Avatar. El iceberg emanado de las profundidades del océano, de lo más oscuro de la naturaleza, del vientre primigenio de la vida en el planeta, dejaba claro con su gélido poder que la megalomanía humana no era invencible. Al respecto, no deja de ser curioso que el barco se llamara Titanic, en referencia a los titanes de la mitología griega, hijos todos ellos de Urano y Gea, como sus hermanas las titánides, que se enfrentaron a los dioses olímpicos y fueron vencidos por ellos en la llamada Titanomaquia.

De alguna manera, la película de Cameron parece dejar claras una serie de consideraciones sociológicas que nos dicen mucho de la sociedad occidental de finales de comienzos del siglo XX: la primera es que la modernidad era derrotada por la naturaleza, de la cual se había intentado desentender, y sobre la cual había afirmado vanidosamente que estaba a su servicio; la segunda es que estaba naufragando la sociedad clasista heredada de las revoluciones burguesas del siglo XIX; la tercera era que la modernidad acababa por engendrar sus propios monstruos, que la limitaban; la cuarta era que el hundimiento del Titanic parecía anunciar, bien metafóricamente, la hecatombe tan próxima de la Gran Guerra, que estallaría en 1914, arrasando Europa.

En el film Avatar, es el propio planeta Tierra el que parece ir a la deriva, aunque las consecuencias de ella las pague en forma de violencia gratuita el idílico planeta Pandora, otro nombre bien significativo, porque el ataque sobre él abrirá la caja de los truenos y los vientos que caerán sobre los inconscientes humanos que pretendían explotarlo con total impunidad. Y es que, entre el estreno de Titanic en 1997 y el de Avatar en 2009, existe un episodio traumático global que transformaría la fisonomía de la modernidad: nos referimos al atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, símbolo fálico del poderío de la economía occidental. Sin embargo las torres tardaron todavía menos en derrumbarse que el Titanic en hundirse: no se mantuvieron en pie más de dos horas. El impacto global fue enorme porque la globalización ya estaba en su pleno apogeo, tanto que el planeta empezaba a quedarse pequeño para las necesidades ingentes de sus moradores. Por esa razón no debe extrañar que Cameron plantee en Avatar la cuestión de que la Tierra necesita buscar otros planetas para sobrevivir, un argumento hasta cierto punto recurrente en la ciencia-ficción. El sobrepasamiento de los límites del desarrollo industrial es ya un hecho, casi irreversible, y esa situación insostenible es la base de las rapiñas que planean los humanos en el planeta Pandora. No obstante, encuentran resistencia, entre otras cosas porque la naturaleza y la vida siempre plantean resistencia ante las amenazas llegadas de afuera.

En Avatar las referencias a la situación mundial actual se multiplican, y contemplarlas puede facilitarnos entender mejor el transfondo psíquico que también plantea la película. Sobre todo si pensamos que los acontecimientos que suceden en el mundo del “ahí afuera” suelen ser manifestaciones de los acontecimientos que tienen lugar en el “aquí adentro”, es decir, en nuestra psique.

Uno de los temas centrales del film es la catástrofe ecológica que hace que la Tierra tenga que buscar sus recursos en otro planeta. Sin embargo, tal búsqueda se realiza mediante el despliegue de poder del complejo militar-industrial, que representa la compañía multinacional que contrata los servicios de tropas mercenarias para hacer el trabajo sucio. De hecho, hoy en día proliferan cada vez más los ejércitos privados, camuflados bajo el nombre de “empresas multinacionales de seguridad”, que apenas sin control estatal hacen de las suyas en los territorios ocupados. En Pandora sucede igual: interesan los recursos preciados, y si para eso hay que sacrificar las poblaciones indígenas, de las que se presume con ignorante etnocentrismo su “atraso” y “salvajismo”, se sacrifican. Nuevamente tenemos sobre la mesa el tema de la ciencia y la tecnología puestas al servicio de los más oscuros intereses económicos y políticos, los científicos y expertos prestándose al juego del colonialismo y la barbarie travestida de civilización. Pero como enseña Avatar, esta es una modernidad con pies de barro. Pues de igual modo que los hornos crematorios nazis certificaron la defunción de las promesas liberadoras de la modernidad, los bombardeos de los militares sobre Pandora certifican el ocaso de la poca credibilidad que pudiera quedar a la misión civilizadora moderna.

Ante esta situación, a diversos personajes, desde el soldado a la científica, se les plantea el dilema moral de qué hacer, de qué camino tomar al verse atrapados entre las mentiras de su gente y anonadados como están por el sufrimiento y la grandeza de los habitantes de Pandora. Unos habitantes que parecen conocer los entresijos de lo que Fritjof Capra llamó la “trama de la vida”, una red compleja y densa, mucho mayor que las redes sociales de la globalización, capaz de transmitir la información más con los sentidos que con el intelecto. Al final se impone la derrota de las fuerzas de la modernidad ante las fuerzas de la naturaleza, con la posibilidad de iniciar un nuevo mundo. Pese a ello, quedan demasiados interrogantes en el aire, demasiados sacrificios que no dejan claro quien ganará al final la partida. Quizás más adelante lleguen fuerzas más poderosas, quien sabe. En todo caso la ciega arrogancia de la civilización moderna queda bien evidencia, lo que seguramente no habrá gustado a más de uno, especialmente en Estados Unidos. Cameron hace aquí su apuesta, y nuevamente subraya el naufragio posible de un modo de vida cada vez más antinatural y delirante. Destrucción creativa e incertidumbre se imponen, aunque también se mantiene la esperanza de que “otro mundo es posible”. La polémica está servida, y nuevamente se vuelve a demostrar que un producto de la industria cultural de masas puede generar debate y reflexión a escala global.

Gil-Manuel Hernández