martes, 16 de noviembre de 2010

4.8.15.16.23.42


A partir del capítulo llamado Números, se desencadena un proceso que mantuvo a la audiencia enganchados a cientos de especulaciones.

¿Qué eran estos números que creaban la locura de alguna persona y el convertirse en gafes?

¿Tenía razón Hugo cuando decía que estaba maldito por haberle tocado la lotería y empezar a sufrir un desastre tras otro?

Aquí se presenta un elemento muy importante en todas las tradiciones: el sentido del número y su valor simbólico por un lado. Son arquetipos de orden, e instrumentos de medida en la realidad objetiva, por otro. Luego aportaré los datos reales que los guionistas han aportado a los fans de la serie Lost a lo largo de estas temporadas, aquí quiero ir más allá, acercarme más a los aspectos inconscientes del colectivo, al sentido que la presencia de los números representan para la Humanidad en general, que es la reflexión más interesante que encuentro sobre el tema, aparte de lo que los guionistas decidieron sobre el tema. Jung y M. L. von Franz señalaban el valor del número como arquetipo de orden, manifestándose en el universo y en su creación a través de las leyes de la física, ya sea la inicial de los pueblos antiguos o la nuestra que comienza con los conceptos de Newton y siguen con las leyes relativistas y cuánticas. No estoy dejando de lado la concepción que tenían los matemáticos y físicos antiguos, sino que no quiero extenderme en el tema por salirse del sentido de este apartado en el tema de Lost. El número Pi (π) aparece como elemento base tanto en la expresión de la rueda, el circulo, los planetas y estrellas, o las pirámides, como elemento base para su construcción. Esta abstracción es algo fundamental, como el desarrollo del algebra por los árabes, etc.

Es decir, los números nos sujetan, nos describen nos incrustan en cierta medida en la realidad objetiva…para bien muchas veces o para mal otras, como parece querernos decir Hurley a lo largo de la serie.

Cuanta gente está, estamos sujetos a los juegos de azar: lotería, loto, quinielas; algunas culturas de forma exacerbada como parece verse entre los chinos, aunque eso sea tal vez una leyenda negra. El tema es que hasta con el horóscopo, la numerología, la gente siente una necesidad de confrontar con los números, de sentir una identificación. De hecho los poderes fácticos han conseguido convertirnos en un número, o en muchos: Nº Seguridad social, Nº del D.N.I., Nº de las tarjetas de crédito personal, etc.

Realmente, las herramientas que más usamos, el PC, móvil, laptop o iPad funcionan con software que lee números-bytes.

Por lo tanto en el imaginario colectivo, en el inconsciente de TODOS los seres humanos el número, el orden o el posible caos necesita un sentido, una comprensión y esa baza está muy bien jugada por los guionistas de la serie.

Ahora pasemos a conocer un poco la historia de esos números que aparece con más intensidad en otras temporadas y que vuelven a retomar significado en la última temporada.

Vuelvo a advertir a los que son espectadores tardíos de esta serie, que no sigan leyendo este texto, hasta que lleven por lo menos 3 ó 4 temporadas, el que avisa no es traidor, dice el refrán.

Esos números recurrentes 4, 8, 15, 16, 23, 42, que aparecieron por primera vez en el capitulo mencionado en la cabecera de este texto, conectan Suerte (ganar la lotería) con Maldición, lo que puede acompañarla, es decir, que ocurre tras un exceso de “Suerte” en la vida o dicho de otra manera, recibir un regalo realmente no merecido o que no ha costado esfuerzo.

En la trama vemos donde los oyó por primera vez, en un sujeto enfermo mental de la institución donde él estaba internado también un tal Leonard, quien los había oído de una transmisión reiterativa, junto a un colega de la marina destinado en el Pacifico, Sam Toomey,

Esto ya justifica a Hugo a confirmar la maldición y en teoría estar más tranquilo. Hugo Reyes es un personaje entrañable, que representa un modelo social muy actual: el del joven ingenuo, eterno puer, que espera siempre que la solución venga de fuera. Cuando algo les sale mal se enfadan, se asustan, se quejan pero no suelen asumir su responsabilidad, no ya en el hecho turbador que les ocurre sino en la posibilidad de hacerse responsables de buscar una solución, desarrollada por ellos mismos; se le ve continuamente buscando un líder, alguien que de soluciones, hasta el momento en que la presencia de los números de su lotería, en unos papeles de Rousseau, despierta suficiente alarma, interés (es decir, analíticamente una carga de libido suficiente para tomar una decisión).

Hugo (Hurley) Reyes, encarna ese aspecto naíf que presenta mucha gente, cargado de necesidad de protagonismo y a la vez de inmensa timidez, no exento de sabiduría silvestre o de intuición. Es un sujeto asustadizo, ansioso y oral, compensa todas las carencias y necesidades con la bulimia (con la necesidad de comer sincopadamente).

Es un aspecto que podemos encarnar cualquier persona; no llega a ser un arquetipo, pero si un claro complejo de inadaptación-seudo independencia-rebeldía y a la vez emana una actitud que despierta aspectos entrañables en el personaje. Por otro lado es un personaje de los que permanece hasta el final. Esto nos orienta hacia esos aspectos de la Sombra que solemos negar o relegar a segundo plano y que pueden tener una participación relevante en los procesos de la vida. Hugo no acaba de ajustarse a la problemática existencia, por eso acaba siempre en la institución mental.

Como iremos viendo, en las últimas temporadas consigue ser el hombre de confianza de todos, a pesar de que nunca quiere tomar decisiones, su excesiva oralidad es compensada con bondad, a diferencia de la oralidad de Charlie, que precisaba más drama: drogas, mujeres, alcohol, etc.

Ahora vamos a aportar la información que dan los guionistas a través del desarrollo de diferentes programas, juegos en la red y que he tomado de diferentes links de seguidores de la serie, hecho que les agradezco sobremanera, por esa entrega a recabar información de este evento cinematográfico de mitología actual. Sólo aportaré parte de la información, sobre todo la que corresponde a esta fase de la Nekya de los personajes, es decir a las tres primeras temporadas, lo que he llamado yo El inicio del viaje.

“Estos seis números son los valores numéricos de la Ecuación Valenzetti, una fórmula matemática diseñada para predecir el fin de la humanidad. En la actualidad, los Números representan los factores humanos y ambientales de la ecuación (es decir, su forma numérica), aunque su significado exacto es desconocido. El objetivo de la Iniciativa DHARMA era cambiar los factores que conducían a la caída de la humanidad, lo cual sería indicado si se produjera una alteración en al menos uno de los factores humanos/ambientales, por ejemplo los números. Sin embargo, en todos estos años de investigación, la Iniciativa fracasó en su objetivo. Pese a todas las investigaciones y manipulaciones de los valores de la ecuación, el resultado final siempre eran los números”. Este texto está tomado literalmente de un link de seguidores que pondremos al final de comentar toda la serie como bibliografía y reconocimiento al esfuerzo de tantos fans de la serie.

Pero estos números aportan más significados que no quiero adelantar para no romper el discurso de la trama tan bien desarrollado por los guionistas de la misma.

Jose López


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Lost: El desfile de los Complejos


En estos primeros episodios se está desarrollando la presentación de la trama desde los ojos de Jack, pero poco a poco, con sus carreras cuidando a unos y otros, se van perfilando los demás personajes, que es lo que he llamado el desfile de los complejos.

¿Por qué esa denominación?, aparte de mi sesgo clínico en la mirada, realmente cada ser humano es para el otro como un complejo interno activado, pues cada ser humano nos provoca diferentes estimulaciones en nuestra realidad tanto externa como interna y su presencia y acciones sirven a nuestra psique como los complejos internos, sobre todo si cometemos el error de proyectar en los demás nuestras propias necesidades y fantasías (esto es lo que en el psicoanálisis clásico se denomina transferencia).

Y ese es el juego de los guionistas, llevar nuestro ojo observador a través de las miradas que se van despertando en la Isla, recordad como aparece también el ojo de Sun en los primeros capítulos cuando inicia la andadura de contarnos su mito personal. Y aquí empieza la verdadera trama, el verdadero método (method, en griego: camino) de introducirnos en la isla, de que cada espectador quede atrapado en esa isla para siempre, el recurso de conocer la vida de cada uno de los que está allá; los flashback es un sistema muy bueno, te exige máxima atención para poder seguir la historia, y a la vez te dificulta la auto reflexión y te va introduciendo en la Isla personal de cada uno de nosotros por la identificación con cada uno de los personajes, consiguiendo que de forma inconsciente no te puedas defender de esta seducción y sigas la historia…desde tu Isla interior.

Uno de los primeros que encuentra su cambio radical es Charlie, su drogadicción le estalla en la cara en ese espacio y poco a poco, pasa de verse marginal y huyendo a transformarse en alguien querido y respetado.

“Estoy orgulloso de ti, Charlie” le dice Locke en un momento decisivo de su decisión y cambio personal.

Como supuesto lugar de expiación, purgatorio, centro de detención, o retorta alquímica de transformación, que parece indicarnos la Isla como fin, los diferentes personajes empiezan a mostrar su lado oscuro, como lo hizo Charlie y Kate.

Ahora le toca a Sawyer, desarrollando el aspecto más malvado y egoísta en la Isla, mientras Sayid intenta comunicarse con el exterior, o hacer “comunicarse” a los demás a través de su experiencia como torturador. Orto aspecto de sombra presente en el caleidoscopio del ser humano.

Lo mismo que Shanon y Boone, los hermanos separados, con una relación de amor-odio, dependencia-rechazo. Donde su asma es un reflejo de la asfixia y ansia por la agresión de la vida, de sus vidas.

El primer paso en toda crisis es el encuentro con lo peor de nosotros mismos, como en el caso de Jack convirtiéndose en cómplice de Sayid torturando a Sawyer.

Como dice Charlie, cada uno hace sus elecciones, incluso Sawyer buscando ser odiado, auto castigándose buscando seudo redenciones mínimas (el beso de Kate) ya que siente que no tiene nada que perder y el vive la Isla como la jungla. Le han engañado, destrozado la vida de niño y desea y siente el engañar como una necesidad…casi natural.

La alianza de Jack con Sayid en la tortura, muestra algo que desde la psicología profunda sabemos: en TODOS NOSOTROS están adormecidos los peores monstruos de la especie humana, junto a las mejores cualidades. Depende de cómo se muevas las fichas de la vida, de las elecciones que hagamos, de lo conscientes que estemos a las pulsiones de nuestro propio inconsciente…nuestra propia e insondable isla personal.

Como señala el personaje de Sawyer, persiguiendo lo que nos destruye o nos daña, corremos el riesgo de ser impregnados por ese mal, ser convertidos en él.

Esos náufragos, en esa Isla especial, están empezando a tomar consciencia de sí mismos y de todos sus potenciales, sean de la índole que sea. Sayid quiere irse del grupo a otro extremo de la Isla porque no ha podido cumplir su juramento de no activar su demonio interior, pero Kate le señala que “no hay ningún lugar a donde ir”, pero él que ha visto su monstruo de cerca quiere mapear la orilla de la isla, descubrir donde están realmente. Y así acababa bajo tortura del personaje llamado Rousseau. Fenómenos sincronísticos Karma-Dharma.

Aquí ya se va perfilando la presencia de los Otros. Este concepto tiene una base antropológica muy potente, pues todos los pueblos primitivos, se llaman a sí mismos, la Gente o el Pueblo (yanomami, inuit, borobo, etc.), de hecho su nombre en su lengua quiere decir la gente. Y el resto de los pueblos son Los Otros, los extraños, el enemigo, los que compiten por el territorio, comida, etc.

Aquí aparece un dato básico de la relación humana, el reconocimiento del otro como otro yo, pero diferente, peligroso o al menos desconfiable.

Este problema lo mantenemos en el racismo, la xenofobia que sigue invadiéndonos a pesar de siglos de supuesta civilización “avanzada”. Lamentablemente es un resto atávico animal, los animales actúan así territorialmente, nosotros tenemos la responsabilidad de no dejarnos poseer por ese impulso atávico y confrontarlo de forma consciente, eso es algo que se va a ir desarrollando abundantemente en la serie.

Aquí a partir del capítulo llamado Solitario, aparecen los susurros, las voces del bosque, que nombra primero Danielle Rousseau y que en otros capítulos previos empiezan a insinuarse.

En otro capítulo, en un sueño de Claire, la embarazada, que premoniciona su parto, aparece Locke con ojos negros, diabólicos, un aviso ya de que va a ser uno de los elegidos por el humo negro.

A la vez, en su deseo de adaptarse de forma más o menos “cómoda” al lugar en espera de un supuesto rescate, mientras la Isla se lleva con su terrible oleaje la arena y el fuselaje y todo lo que haya cerca y mientras sucede el rapto de Claire junto al intento de asesinato de Charlie, todos los supervivientes intentan a alejarse de la costa, de la orilla que pueda acercarles a la mirada del mundo exterior, para así refugiarse un poco más adentro, unos en las cuevas y otros en esos árboles que parecen manglares. En realidad, todo ello nos dice que los personajes despiertan más al miedo ante el peligro y se introducen más dentro de la Isla. En su momento dedicaré un monográfico a la Isla.

Jose López

martes, 2 de noviembre de 2010

El shock de la realidad: despertar del sueño, o cambiar el sueño



El ojo inicial, el ojo de Jack, que despierta rodeado de un bosque de bambús, que en la simbología budista representan la jungla de los pecados y tras ver al perro decide levantarse y correr por ella hasta encontrar …la orilla, el silencio y enseguida el drama el desastre.

Allí ya se define su estilo, correr de un lado a otro ayudando, aconsejando, dirigiendo, es como si ese proceso dramático del desastre le facilitara la posibilidad de redimir a todo y a él mismo, tal como va apareciendo en la serie a lo largo del tiempo.

Por otro lado, al revisarla de nuevo te das cuenta de que muchas señales indirectas del drama a desarrollar ya aparecen, ya se están insinuando, como cuando Locke está jugando con el Backgammon y se le acerca Walter, el chico negro hijo de Michel y le explica el origen mesopotámico del juego, de las dos fichas: la luz (blancas) y la oscuridad (negras), elemento que no veremos más hasta casi las dos últimas temporadas donde se irá desvelando que es la isla. Aunque de entrada lo Numinoso de la Isla aparece ya, con el sonido de lo monstruoso que mueve las hojas, un oso polar en el trópico y John Locke que puede caminar sorprendentemente, pudiendo por fin realizar “la marcha de poder” (walkabout) aborigen que era su destino y su necesidad vital, lo que le devolvería su completa humanidad.

En estos primeros capítulos de la primera temporada se percibe el porqué de la elección de Locke por el Humo Negro (H.N.), el primer encuentro que marca su sensación de ser un elegido, de que la Isla tiene un sentido especial que le hace luchar por ello.

Este personaje es un guiño al filósofo John Locke (1632-1704), Su influencia en la ideología liberal moderna no la refuta nadie; se ocupó de problemas políticos, sociales, educativos y religiosos. Curiosamente nuestro personaje se mueve alternativamente por todos estos campos en función del impacto que le provocan las vivencias que va teniendo.

El personaje real era un empirista con motivos entrelazados de racionalismo. Su obra capital, el ensayo sobre el entendimiento humano (1690), es un detallado estudio de la naturaleza, alcance y límites del entendimiento. Investigar el origen, certidumbre y alcance del conocimiento humano, juntamente con las razones y los grados de creencia, opinión y asentimiento[1]. Su trabajo es un ataque contra “el innatismo”, no hay principios innatos. Justamente los guionistas hacen aquí el guiño en el Locke de ficción, un hombre de fe, que presupone que hay un “motivo” para la Isla, que la Isla tiene su propósito y todo lo deja en función de la fe y confianza en el ser humano. Recordemos cómo le fue con su padre natural, un impresentable integral. Pero no vayamos adelantando material. Quedémonos con este aspecto inicial de Locke y luego iremos ampliando.


[1] Ferrater Mora, J. Diccionario de filosofía. Ed. Circ. De lect. Vol.III.1994. pag.2165-6.

LOST: La caída


Un avión que realiza el trayecto de Sidney a Los Ángeles, el 815 Oceanic, cae sobre una isla perdida en medio del océano Pacífico. De entrada ya resulta significativo el hecho del que arranca la serie Lost: un avión lleno de pasajeros realizando un trayecto larguísimo, metáfora del trayecto vital, que a mitad de su viaje (hacia la mitad de la vida) sufre un accidente, una caída, en medio del proceloso océano (símbolo del inconsciente profundo). Un océano que no parece tener nada de “Pacífico”, aunque sea el lugar en el que está situada la isla donde, finalmente, la mayoría de los viajeros encontrarán la “paz”… El avión cae sobre la isla, tan desconocida, desubicada y llena de misterios como la isla de Robinson Crusoe.

Sin embargo, para los sobrevivientes al accidente, que no son precisamente pocos, lo que se acaba de producir es la entrada en un periodo que el antropólogo Arnold van Gennep llamó “liminar”. Según la conocida teoría de este, que expuso en su obra Los ritos de paso (1), publicada en 1909 , a lo largo de su vida los individuos van pasando por diferentes estatus, cuyo acceso viene refrendado simbólicamente por rituales. Estos rituales también se convierten en colectivos y marcan, de alguna manera, las diferentes etapas por las que atraviesan las sociedades. Según Van Gennep, los rituales de paso presentan, desde el punto de vista formal, tres momentos claramente diferenciados. En el primero, el de separación, el individuo se separa de su situación anterior. En el segundo, el liminar, el individuo no se encuentra en ningún lugar, sino en un momento fronterizo de transición. En el tercero, el de la reagrupación, el individuo, ya transformado por el ritual, se incorpora a su nuevo estado.

Pues bien, los viajeros del 815 Oceanic entran en la fase de separación en el momento que suben al avión. A partir de ese crucial momento sus vidas, que al comienzo de la serie todavía desconocemos, quedan atrás para quedar suspendidas en el cielo, de donde caerán a una nueva dimensión, la isla, llamada “liminar” por estar justamente entre dos mundos, porque es un nuevo territorio ubicado en tierra de nadie, justo en el limes, en la frontera. En esa condición liminar, los individuos están ya claramente separados de sus vidas y lugares de origen, de sus trayectorias pasadas, y tienen la oportunidad de someterse a una transformación. Solo cuando esta esté completada se producirá la fase de reagrupación o “reagregación”, es decir, de vuelta a sus vidas, pero de una manera diferente, que poco tendrá que ver con sus experiencias previas a la caída.

De modo que bien podemos sugerir que toda la compleja trama argumental contenida en las seis temporadas de la serie Lost, no es más que el relato de la fase liminar de ese gran rito de paso vital al que se enfrentan los personajes, un rito del que saldrán finalmente alterados, transformados, reconvertidos, para acometer su existencia desde unos nuevos parámetros. Al fin y al cabo, si las peripecias de los viajeros se valoran desde el análisis junguiano, y contemplamos su proceso personal y colectivo como una oportunidad de crecimiento personal, hallamos que esa fase liminal es justo la fase del propio proceso alquímico de transformación, el espacio-tiempo singular donde acontecen los sucesos más esenciales. Por que no debemos olvidar que cuando los viajeros despegaron en Sidney (capital económica de las antiguas colonias penitenciarias británicas), ya estaban perdidos, es decir, ya estaban presos de sus propias vidas sin demasiado sentido ni significado. Significativamente intentaban volar a una ciudad llamada “Los Ángeles”, hacia una expresión metafóricamente localizada del cielo, que es donde moran los ángeles, pero antes, para salir de su condición de perdidos, de presos en vida, debían caer en los infiernos… Por ello la isla les estaba esperando, y si la sabían aprovechar podrían dejar de estar lamentablemente perdidos.


Gil-Manuel Hernàndez

(1)VAN GENNEP, A (1986): Los ritos de paso, Madrid, Taurus.

lunes, 25 de octubre de 2010

Lost – Perdidos: El inicio del viaje, temporadas 1 a 3

"En el fondo tú no eres tú; pero tú no lo sabes" (Ibn Arabí)

Empiezo este texto con una máxima de Ibn Arabí, en un claro y cariñoso guiño a mis amigos del Wild Bunch Groups, que entre otras cosas me han aportado las ganas de ir más allá en las diferentes lecturas de la realidad, con lo que creo me siento dispuesto a abordar el viaje de releer y re visionar la mejor serie de los últimos tiempos: Lost.

Nos adentramos en una historia, que es reflejo de un mundo particular, de una burbuja fuera del espacio-tiempo; este esquema narrativo de Lost dinamita la configuración actual que tienen muchas personas de la realidad, como algo lineal, factible, fácilmente comprensible y manipulable sin pudor. Esta serie nos devuelve en cada uno de sus capítulos que la realidad es un conglomerado muy complejo, muy diverso de historias y momentos.

Que no podemos encontrar el sentido último, sino adentrarnos en diferentes oportunidades de sentido y en ver si somos capaces de arriesgarnos a vivir nuestra propia aventura.

Perdidos es una metáfora de nosotros mismos, de nuestro mundo europeo y americano, de nuestro occidente” civilizado y supuestamente seguro”.

Durante toda la serie, de forma más o menos velada, o de forma clara y directa se nos está mostrando la irrealidad de la propia realidad, el continuo sorprendernos ante inesperados movimientos, que aparte de juego técnico cinematográfico para mantener la atención, nos despiertan una inquietud personal, obligan a proyectarnos en la Isla y en sus personajes, nos conectan nuestro inconsciente personal con el inconsciente colectivo que se está gestando en la historia que vamos viendo. En cierta medida, tras el episodio piloto, en todos ha ocurrido un desastre, una catarsis, hemos sido derribados sobre la Isla al igual que cada uno de sus participantes y durante los 6 años que dura, las seis temporadas, cientos de personas van a estar viviendo, soñando, meditando y buscando respuestas sobre la isla y sobre lo que les pasa a todos los personajes. De esa forma, y tal vez no lo pensaran directamente los guionistas, hay un nuevo náufrago en la Isla, el espectador, que como las voces susurrantes, apenas es audible, pero forma parte del proceso mítico. Un mito no existe si no hay un sujeto que sea dinamizado por él. Sin este sujeto, el mito es un mero potencial.

A diferencia de otras obras de arte, que somos nosotros los que vamos desvelando el sentido de lo que vemos, aquí somos un ojo aparentemente pasivo, obligados a seguir el deseo de los guionistas, algo que a muchas personas les ocurre en el desenvolvimiento de su situación vital y personal. En esto es en lo que esta obra se convierte en mito, reúne las características de expresión, desarrollo y sentido de un mito y de hecho, como ya iremos viendo, bebe de fuentes clásicas míticas: la divina comedia de Dante, el paraíso perdido de Milton, la odisea, etc.

Como ya señalaba Regazzoni[1] en su libro sobre Lost, el viaje empieza con un inmenso ojo en primer plano, el ojo del que después sabremos que es Jack.

Ese ojo puede ser el reflejo del ojo de todos los que vemos la serie, pues la vamos a ver a través de Jack en muchos casos; más adelante veremos que hay capítulos que empiezan con un ojo, pero un ojo distinto, no es el de Jack, dándonos otra perspectiva en ese momento.

También, El ojo (de Jack) puede conectarnos con Horus, el dios egipcio, o con Iahveh, el dios hebreo, que aparece como señal en tantos espacios religiosos: el ojo que te mira, te controla, o el ojo que observa el proceso. Aquí cada uno se convierte, a través de ese ojo, en observador del drama épico que se va a desarrollar.

Hay antecedentes fílmicos de ese ojo en primer plano, como en la película Blade Runner (Ridley Scott), el inicio con el ojo del replicante. Es retomado en avatar, es el ojo subjetivo que nos va diciendo desde que observador nos estamos abriendo a mirar.

Es la manera de decirnos: ¡Eh! abre los ojos, ha ocurrido un cambio y es necesario que PERMANEZCAS DESPIERTO.

A partir de ese mirar atento, que obliga a la búsqueda de sentidos, se abre un filosofar aparentemente sencillo como señala Simone Regazzoni en su libro sobre la serie.

Pero ¿quién es Jack?, De hecho su nombre, Jack equivale a Jaime y Jaime es el Santiago apóstol español, el buscador; además su apellido Sheppard, pastor, guía en ingles. Jack podría representar el Anima Mundi, el héroe: Ulises moderno del siglo XX y XXI, que es estrellado-despertado (inicio del ojo) en la Isla.

Muy pronto veremos que es la encarnación del héroe por antonomasia, el gran cuidador, el que tiene respuestas, el que sabe lo que hay que hacer, el que tiene poder de liderazgo. Este arquetipo marca la línea del pensamiento occidental base y sobre todo del americano, el sujeto que se enfrenta a todo y aglutina los deseos del grupo.

Todavía no tenemos otros tipos de héroes, mas tipo Aquiles o mas ocultos como Hefestos (Vulcano en la versión romana).

Quien viene a buscar a Jack en primer lugar es un perro, animal de significación interesante y cierre de parábola como iremos viendo. Y a partir de ahí, sale de la maraña de bambús, símbolo de la fuerza y resistencia, pero también de la docilidad, se pueden vencer por el viento, pero no doblar, y se adentra en la playa donde se encuentra la gran crisis de conciencia inicial, por qué está allí…

Jose López



[1] Regazzoni, Simone (2010). Perdidos, la filosofía, las claves de Lost. Duomo Ediciones,

Lost: El inicio del viaje, la Nekia

Ya es momento de iniciar como los náufragos-supervivientes de Lost el comienzo de nuestro viaje interior de búsqueda, comprensión, sentido de la serie, de lo que vimos y creímos, de lo que sentimos; al fin y al cabo este viaje, este accidente aéreo es nuestro propio derrumbe, nuestra propia crisis y nuestra propia búsqueda. De forma consciente o inconsciente cada uno de los espectadores se sintió identificado con los personajes, cada uno se vio reflejado en uno de ellos, o en todos, dependiendo de los aspectos emocionales y vivenciales que se iban desarrollando por los mismos.

Este viaje iniciático, esta Nekia que es Lost, es una alegoría, un remedo de otros viajes míticos, desde el viaje de Ulises a viajes como el de Dante o Milton, que ya señalan otros blogueros de buen nivel. Lo señalo como Nekia[1] o evocación de los muertos, rechazando la inmortalidad (que a algunos da la isla, como tentó a Ulises Calipso) en contraposición al Nóstos, el regreso del héroe a la patria original. En realidad aquí no vivimos un viaje Homérico ni una odisea con final feliz, sino un viaje a los infiernos, de ahí lo de Nekia. Aunque en este viaje tenemos nuestro particular Ulises en la figura de Desmond luchando por recuperar su esposa Penélope (Penny) y su barco.

Otro punto a tener en cuenta ha sido el de aquellos espectadores que, como en las religiones al uso y en la Ciencia dogmática actual (medicina de la evidencia, etc.), se empeñan en leer el mensaje de forma literal-lineal, con lo que el viaje de Lost les ha de decepcionar al final, a no ser que cambien su forma de mirar: su forma de abrir el ojo interno, y creo que en la serie los, llamémosles guiños del ojo, son frecuentes.

Esta serie, épica en todos los sentidos y filosófica en otros, no es posible vivirla sin aplicar una atención múltiple de posibles sentidos, ha de verse como esferas continuadas que se concatenan mezclándose como universos paralelos, trayéndonos continuos meta lenguajes que requieren, creo yo, diferentes y sucesivos visionados. Es una única y eterna historia cargada de cientos de historias que se van hilando como los hilos del destino que mueven las Nornas (parcas) de la antigüedad.

Pero no vayamos adelantando otros temas, este viaje lo hemos dividido en tres etapas, (tres número especial), que abarcan la primera etapa el inicio, que corresponde a las temporadas 1, 2 y 3, luego señalaremos el por qué, esta división.

La etapa de tránsito, correspondería a la 4ª temporada y la Segunda etapa correspondiente a las temporadas 5ª y6ª.

Jose López



[1] Canto XI de la Odisea de Homero.

domingo, 24 de octubre de 2010

AVATAR: el descubrimiento de la Realidad


Durante mucho tiempo nos han hecho creer que el cielo estaba allá en lo alto, pero después de visionar Avatar, uno confirma lo que ya intuía: que el cielo se encuentra allá abajo, concretamente más abajo del infierno. Porque ese es el lugar al que, rememorando la Divina Comedia de Dante, desciende Jake Skully cuando llega a Pandora. Un infierno no demasiado diferente del que ha dejado atrás en la Tierra, un planeta arrasado y agotado, que los humanos intentan reproducir en Pandora. Sin embargo, para los miembros de la base, especialmente los militares, Pandora es un infierno amenazante, y ninguno es consciente de que el infierno lo portan ellos, con su tecnología militar, con su ciencia sin alma, con sus brutales intereses económicos, ligados, como dice cínicamente el jefe económico de la misión, al balance trimestral de beneficios de los accionistas.

A ese infierno de verdad pertenece el destinado a ser el héroe, hermano gemelo del científico desaparecido, un marine significativamente inválido, que es utilizado como carne de cañón y como carne de laboratorio. Poco sospecha Jake Skully que, estando en el infierno, se lo podrían abrir las puertas del cielo. Porque, aparentemente, nada hacía sospechar que dichas puertas existieran. Tan solo había una misión: convencer a los indígenas na’vi de la conveniencia de adaptarse al devastador proyecto colonizador de los humanos. Sin preguntar, sin pensar, sin cuestionar. Con todo, la estrategia invasiva pasa necesariamente por dormir y entrar en el sueño que hará posible camuflarse con el “enemigo”. Una vez en el sueño, el protagonista dispondrá de un nuevo cuerpo para llevar a cabo su cometido. Pero ocurre que Jake es curioso, no un marine cualquiera. Todavía le queda humanidad, y es precisamente esta la que le lleva a empatizar progresivamente con el nuevo mundo al que es destinado. Y de esa manera empieza a descubrir que su auténtica misión no es la que le ha asignado su comandante, sino la que le ha asignado la vida. La posibilidad de empezar de cero y descubrir una nueva realidad. Mejor dicho, de descubrir la Realidad.

Partiendo de una ignorancia básica en su nuevo mundo, que es un entorno onírico desde la perspectiva diurna convencional, Jake pronto tropieza con sus demonios, con sus monstruos, que lo acechan hasta el descubrimiento de su parte complementaria femenina, representada por la bella nativa na’vi, quien le ayuda a entrar, poco a poco, en lo que realmente es Pandora: un inmenso ser compuesto de otros seres interconectados, profundamente integrados en una vasta y compleja red energética simbolizada por el Árbol sagrado, y sobre todo por el Árbol de las Almas, expresión a su vez de Eywa, la diosa, que representa la Energía última que anima Pandora.

A medida que el héroe progresa en su misión lo hace en su redescubrimiento interno, un proceso que en un momento determinado le hará exclamar: “Ahora todo está al revés. Como si el exterior fuera el mundo real y lo de aquí dentro fuera un sueño”. Es ese el punto en el que Jake descubre la Realidad, el momento en el que se hace consciente de que aquello que él creía su realidad es tan solo una ilusión, una representación que oculta una realidad más profunda, situada en el inframundo, al que solo se accede mediante un doloroso viaje lleno de aventuras, problemas, contratiempos, dudas e incertidumbres. Dicho viaje es básicamente onírico, un viaje a través del sueño. En realidad, un viaje hacia el despertar del sueño de la vida convencional, en la que millones de individuos están condenados a vagar, sin que la mayoría de ella tenga más que atisbos, generalmente mal interpretados, de lo que hay más allá. Porque el “más allá” no es una suerte de existencia trascendente y extramundana, divina, celestial e idealizada, sino una existencia inmanente llena de sentido y significado, íntimamente vinculada con lo que el físico David Bohm denominó el “orden implicado” o lo que Fritjof Capra llamó “la trama de la vida”. Una inmanencia “transcendente”, en la medida en que el héroe se transciende a sí mismo en este mundo inmanente, para descubrir que, en el fondo, no hay división entre inmanencia y transcendencia, entre más acá y más allá. A este nuevo universo unitario es al que accede Jake. Sin embargo, su transformación implicará costos y dificultades.

Llegar a formar parte del pueblo na’vi, llegar a “nacer dos veces”, conectarse con los ancestros omaticaya, fuente de la sacralidad en la que Jake ingresa, supondrá una dura batalla. Tendrá que enfrentarse a las oscuras fuerzas destructivas representadas por la siniestra alianza entre empresa, ciencia, tecnología y maquinaria militar, expresiones de la sombra más negativa. Por ello Jake necesitará llevar a un plano más avanzado su lucha personal, transitar, como los na’vi, por una “época de gran pesar”. En el proceso, muchas cosas se perderán, habrá destrucción, violencia, muerte, fuego, decepción, abandono, en definitiva, habrá sufrimiento. Pero Jake también encontrará nuevos aliados surgidos de las profundidades de su propia potencialidad, de su propia sombra, simbolizados por el ikrán, clarísima expresión de su fuerza interior, o por Turuk, expresión de la fuerza colectiva de la naturaleza y del pueblo consciente del valor de su existencia. Solo así, en ese descenso a los infiernos, perfectamente expresado por el virulento ataque con fuego al Árbol de la Vida, podrá Jake remontar el vuelo, montado en su ikrán, para acabar de integrar su parte femenina y transformarse definitivamente en uno más de los omaticaya. Finalmente vencerá en su batalla contra las fuerzas que se encargan de ponernos los velos ante la Realidad. De no dejarnos ver. Que es como decir que el héroe despertará de su vida anterior, para dejar de ser un tullido existencial y realizarse como un ser más consciente, más desarrollado y más compasivo.


Gil-Manuel Hernàndez